Mientras la corrección política se refocila con la necesidad de que el Estado intervenga más en la economía, el déspota bolivariano acaba de impartir una nueva lección de lo que ese intervencionismo puede lograr: en Venezuela se acaba el arroz a los precios oficiales. Hugo Chávez y sus secuaces han incorporado las consignas del pensamiento único contra el depredador capitalismo neoliberal: así, el ministro de Alimentación, que tiene guasa la cosa, Félix Osorio, se puso solemne, como si fuera un progre de los nuestros estilo Smiley, al proclamar: “No puede verse el alimento como una mercancía”. Y como no es una mercancía, la burocracia bolivariana fija los precios de los alimentos. Esta medida, típica de los regímenes fascistas y comunistas, se impuso en 2003, supuestamente para “luchar contra la inflación”, una inflación producida por el propio gobierno y que hoy está en torno a la muy progresista y nada liberal cifra del 30 % anual. Los controles se intensificaron en 2008. Lógicamente, aquellos alimentos cuyos precios oficiales se sitúan muy por debajo de sus costes de producción desaparecieron, como el arroz, ante la ira descompuesta de don Hugo, que en vez de admitir que igual sus ideas progresistas son reaccionarias, tuvo la típica reacción totalitaria: la culpa es de los empresarios, espec...
Doctor en Ciencias Económicas, catedrático de Historia del Pensamiento Económico, ha publicado libros, ensayos, y numerosos artículos en prensa
A pesar del Gobierno
Por Carlos Rodríguez Braun-
06 Mar 2009
Que si quieres arroz, Hugo
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28 Feb 2009
Mismos collares
La demagogia antiliberal en España no es muy diferente de la practicada hoy en Estados Unidos. El martes habló Obama en el Congreso en Washington, y la preparación del terreno hacia una mayor coacción resultó evidente. Dijo y repitió don Barack que la situación económica es gravísima, pero dijo y repitió que EE UU saldrá adelante gracias a sus políticas intervencionistas. Sin titubear defendió a la vez la intervención del Estado en la economía y un Estado más pequeño. Prometió a la vez más gasto público pero menos impuestos para el 95 % de las familias norteamericanas, que ganan menos de 250.000 dólares. Insistió: “I repeat: not one single dime”. Espero que muchos americanos hayan recordado a Bush padre: “Read muy lips, no more taxes”. Mintió Bush y miente Obama: sus ideas sólo en la sanidad y en el medio ambiente, tanto en energías renovables como el régimen de “cap and trade” de emisiones, significarán una importante expansión del gasto que los intervencionistas harán recaer en EE UU sobre los mismos sufridos que lo hemos pagado en España: la llamada clase media. Los políticos anuncian allí el final de la crisis, igual que aquí, y aciertan, porque todas las crisis acaban, como acabó tam...
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26 Feb 2009
Caracho Corbacho
El ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, reclamó al PP “que trabaje a favor de los parados, pero que deje de utilizarlos para hacer política”. Fue una exigencia sumamente llamativa, porque esa utilización es lo que el socialismo ha hecho siempre. Los socialistas inventaron a los trabajadores, quiero decir, fabularon la existencia de una clase determinada, formada por personas desfavorecidas o explotadas por el capitalismo, con intereses comunes y con unos horizontes bloqueados por la libertad, de modo que no podían promover tales intereses salvo que anudaran una dependencia con la acción política de quienes natural y exclusivamente las representaban: los socialistas, claro. Es una falsedad paladina, pero integra la ideología crucial del socialismo, que sostiene que cualquier cosa que los socialistas hagan o piensen siempre es por definición favorable a los trabajadores. Con el tiempo, y el desgaste provocado por los malos resultados prácticos de sus políticas, la izquierda expandió el campo de sus ficciones, y hoy es abanderada de muchas causas, desde el tráfico hasta el clima, desde la ayuda al desarrollo hasta la salud, pero la matriz intelectual es la misma: son causas plausibles que no pueden resolverse en libertad sino sólo bajo la coacción dirigida por los socialistas. Es verdad que, sobre todo tras el colapso del empobrecedor y sanguinario...
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21 Feb 2009
Paraísos fiscales
Cualquier maldad que se atribuya a Rodrigo Rato en el Fondo Monetario Internacional empalidece frente a su siniestro sucesor. En efecto, el demagogo y oportunista político francés Dominique Strauss-Kahn está aprovechando la crisis para apuntalar su carrera hacia el Elíseo y de paso tapar dos características básicas del FMI, que es inútil o dañino, con campañas populistas que demuestran una vez más que el mejor amigo del hombre no es el perro sino el chivo expiatorio. Ahora resulta que la culpa de los males económicos es de los paraísos fiscales. Como dice el tango: mentira, mentira. Mientras don Dominique quiere “dinamitar” esas sentinas, a las que identifica sólo con los más indeseables delincuentes, ante el aplauso del pensamiento único, nadie reflexiona sobre si hay alguna razón no criminal para que esos lugares existan. Y claro que la hay: los altos impuestos. La expresión paraíso fiscal es en tal sentido equívoca, y probablemente se debió a una confusión en la traducción, porque en inglés se dice “tax haven”, y alguien debió creer que se trataba de “heaven”, que significa cielo o paraíso. La palabra “haven” define mucho mejor la situación, porque significa refugio. Ciertamente, por tanto, aunque los paraísos fiscales pueden albergar a l...
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19 Feb 2009
Smiley romo, rema y rima
Las agresivas aristas de Smiley parecen haber desaparecido: es amable con la oposición –el PP tiene tantos problemas, ya se sabe. Y proliferan dos metáforas que invitan a la empresa común: remar en la misma dirección y arrimar el hombro. Este lenguaje cálido es en realidad totalitario. La sociedad libre, en efecto, no tiene objetivos comunes, como las tribus y hordas primitivas. La clave de la sociedad abierta son las reglas comunes, respetando las cuales cada individuo es libre de perseguir sus propios objetivos. Los socialistas de todos los partidos no quieren entender esto, y se aprovechan de que, tras no menos de un siglo de prédica mayoritariamente antiliberal, muchas personas podemos no tenerlo claro y caer por tanto en la trampa de aplaudir al gobernante sólo porque pretende liderar a un pueblo unido o cohesionado, olvidando que siempre lo hace quebrantando sus derechos. Una muestra reveladora de esta ternura tiránica la brindó José Blanco, que en un acto fallido confundió las dos consignas y animó a todos a “rimar” en la misma dirección. Tal es realmente el propósito de Smiley y sus secuaces: que todos repitamos el mismo verso, que todos seamos consonantes con la corrección política. Para disfrazar la coacción, la izquierda recurre a vetustas ficciones, como que la política agota la libertad y los progresistas monopoli...






