Me repugna sobremanera cruzarme en el pasillo del Congreso con un diputado de Amaiur. Me da igual si un tribunal decidió que eran «legales». Me asquea verles allí sentados hablar de presos políticos cobrando el sueldo que con mis impuestos se les paga y me indigna que como cobardes que son bajen la mirada cuando un ministro, el de Interior en este caso, les dice que es indecente que se refieran a los asesinos en esos términos. Y vomito cuando no son ni capaces de reconocer el heroismo de tres policías que se lanzaron al agua para salvar a un chaval que hizo una locura demasiado estúpida. Su bajeza moral no les da margen a ver la grandeza de otros.
Me repugna porque con ese término de «presos políticos» se están refiriendo al cabrón o los cabrones que hace 25 años pusieron una cobarde bomba a un autobús de militares y civiles que acudían a trabajar a la Academia General Militar de Zaragoza. Aquella bomba acabó con la vida de un civil y del comandante Manuel Rivera. No es, ni mucho menos, el único militar que ha caído en manos de la asesina mentira de ETA, pero justo esta semana ha confluido su aniversario con el del matrimonio Jiménez Becerril, otra canallada de la banda criminal. Ni uno ni otro merecen más o menos dignidad en nuestro recuerdo, pero uno ha pasado desapercibido y me extraña.
Echando la vista atrás, demasiados militares han muerto en el delirio nacionalista radical de una panda de alérgicos a la ducha. Los uniformados que durante años aguantaron la ignonimia de enterrar a los suyos en el silencio público y el secreto, los que durante años trabajaron en uno más de los territorios españoles con la amenaza constante del tiro en la nuca o la cobarde bomba sólo por el hecho de llevar el uniforme, los que hoy siguen siendo mirados con odio, merecen más de nosotros. Sobre todo, ante todo, no merecen que quienes consideran a sus asesinos «presos políticos» estén en la sede de la soberanía de un pueblo al que los asesinados juraron defender hasta la muerte, pero no esa muerte, no la que lleva el pusilánime que ataca por la espalda o que accionaba el explosivo a distancia.
Hace 25 años fue asesinado el comandante Rivera, hace demasiados años nuestros militares mueren a manos de quienes defienden lo mismo, exactamente lo mismo, que quienes bajan la mirada ante verdades como templos, que quienes se sientan hoy en nuestro Congreso. Me repugna.







Comentarios [1]
Ahora bien que el lacayo proetarra se le ponga cara de haba, se quede colorado y con el rostro de "pánfilo te han pillaó" cuando un ministro le dice cuatro verdades es un pequeño consuelo, pequeño pero consuelo.
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