Primero, el aumento del paro en España no es sólo culpa del freno y marcha atrás en la recuperación el verano pasado, que indudablemente también, sino del intervencionismo en el llamado mercado laboral; mal llamado porque un 47,3 % de paro, que es lo que padecen los jóvenes, indica que no estamos ante un mercado. Los catastróficos resultados de este pseudomercado, que volvimos a ver ayer con las terribles cifras de la EPA, no responden, como sucede en los mercados genuinos, a decisiones y contratos voluntarios de los ciudadanos. Los políticos, sindicalistas y grupos de presión no podrán nunca “luchar” contra el paro si no reconocen que son sus principales responsables.
Segundo, la reforma laboral ha sido siempre imperativa y lo es ahora más que nunca; la estadística de la EPA puede cargar de razón a las autoridades para llevarla a cabo. Sospecho que volverán a hacer un pasteleo, porque padecen el habitual miedo a la libertad, pero el optimismo me lleva a anticipar que, como hicieron casi todas las reformas laborales de nuestra democracia, no van a empeorar las cosas. Tercero, aquí no hay ninguna disyuntiva entre ajustar o crecer. Esta falacia se debe sólo a la política. Las familias y las empresas se han ajustado, dolorosamente. La política no se había ajustado, ni antes de la crisis, ni después en la medida necesaria: esa demora es lo que ha agravado la situación en 2011 y nos amenaza este año. De tal manera que las dos labores que las Administraciones Públicas no han hecho (bajar impuestos y gastos, y abrir mercados), siguen siendo cruciales, y no valen las consignas del estilo “hay que crecer” o “hay que evitar la fractura social”, para continuar cebando la bomba fiscal, como si los mayores impuestos o los déficits continuados no tuvieran impacto económico apreciable.







Comentarios [19]
Gracias por amenizarme las tardes. Aprendo mucho con ustedes.
http://www.elcomercio.es/v/20120120/asturias/cheque-bebe-sirve-gravar-20120120.html
Su solución es gravar a las parejas sin hijos.
-Es que es una alternativa que beneficiaría a todos. Las parejas que no tienen hijos ya se benefician, porque un hijo cuesta un riñón. Por ello, también es justo que en sus pensiones, por ejemplo, tengan un recorte del 10%. Y que paguen más de IRPF o que las familias con hijos tengan exenciones
Lo de seguir gastando me parece política milagrosa a no ser que localicemos por ahí a un grupo de progresistas con infinitas ansias de que les quitemos el dinero y no se lo devolvamos. Pero estos tampoco se van a dejar.
Lo del endeudamiento, bancarrota, es una cosa que debía de obligar a nuestros queridos políticos a salir cada noche encadenados a una bola y sortearse quien se quema a lo bonzo, siquiera sea simbólicamente. Porque acuérdense de lo de las caravanas de mercaderes, digo Consejeros de Hacienda solidarios, acudiendo a Madrid, hace nada, a pedir más de lo suyo. No digo lo del lumbreras gallego, visitador de gasolineras, con aquello de la trampa: ¿díganos que recortaría? y recuerdo lo de los servicios que nos merecemos, oiga, todos. Gratis total.
Y aquí un recuerdo al sólo palabras. Por lo del mix eléctrico que era irrelevante porque la tarifa al cobro era única. Sólo por eso debía estar, acompañado por el peligro económico, en recesión, digo ex ministro de Hacienda, nombrado como el mártir, haciendo una cueva con sus manos para enterrar los residuos atómicos de los almacenes que no estuvieron y para ocultar sus vergüenzas.
Es lo malo de los manirrotos. Tienen que pagar y nosotros seguir comiendo. Y cada vez con menos crédito. Un dilema parecido al de Don Mendo. Me paso o no llego.
Pero lo malo es que está escrito y es sabido. No se puede soportar este gasto público. Y como se descuiden se realinearán de “los unos contra los otros” para ser los “no públicos contra los públicos”.
Porque mucho inversión pública. ¿Cuál? ¿Aeropuertos del inframundo que no vuelan ni con gas? ¿Edificios singularmente diseñados para que unos pocos se rían de los más? ¿Compañías aéreas donde se pone la honra antes de que se tiene al viajero? Díganme ejemplos de inversión pública pendientes. El único que circulaba por ahí era el Plan Hidrológico que se ha escamoteado en agua de borrajas y casi nos lo convierten en desaladoras. Lo demás, ganas de que algunos listos nos sobrevuelen, desde el paraíso forrado, descacharrados y pimpantes ya metidos en su ERE blindado.
Los americanos tenían mucha obra pública por hacer. Ahora nos sobran carreteras porque no es esa la prioridad. Ahora los camiones duermen y no se moverán creando carreteras vacías. No estamos en las mismas circunstancias. Que casi han pasado cien años.
Los privados tienen ganas de trabajar, gastar y demás. Los jinetes de escrotos, malditos sean, deben persuadirse, de una vez, de que ya está bien. Que sobran.Ya vería ese columnista cómo, milagro, había ahorro, inversión y gasto. Y no emplear recursos en alegrar a los cerdos.
En ese mismo nº escribe J.Gª Dominguez manifestándose contrario a la austeridad propugnada por la Srª Merkel, que va en el sentido de seguir con el calendario previsto respecto a los déficits, lo cual podría ocasionar una mayor profundidad en la recesión, según su punto de vista. Ha recibido unos comentarios un tanto desconsiderados, a mi modo de ver. Me gusta como escribe J.G.D., con frecuencia también lo que dice; en este debate, como he escrito anteriormente, hay que argumentar. Pero aparte de la idea de fondo, creo que da algún ejemplo que no es del todo exacto, cuando se refiere a Japón y Estados Unidos y a las ayudas al sistema financiero. En ambos casos, si mal no recuerdo, se intentó la utilización del déficit público como dinamizador de la economía, tal vez resucitando el viejo argumento del multiplicador keynesiano, hoy bastante desacreditado; desde luego en estos casos no funcionó, reforzando la tesis de que el gasto público sustituye al gasto privado; por tanto, debilitando la del multiplicador. Otra cuestión es la relativa al saneamiento del sistema financiero, tema sobre el que me aplico la tesis de Wittgenstein.
No hay que dejar de reconocer que los argumentos para ralentizar el ajuste tienen su lógica argumental, por lo que, a mi modo de ver, hay que defender la idea contraria también con argumentos. Pero al final nos encontramos con la pregunta, ¿va a ser posible seguir apelando a la deuda indefinidamente? Simplificando, a ver si no nos encontramos con una situación definida por esa conocida frase de: lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible.
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